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Blog · Ansiedad

4 tips para calmar la insegura mente del vecino

Por Guillermo · Noviembre 2026 · 4 min de lectura

Refrescar el correo, ensayar el saludo, borrar el WhatsApp. Cuatro gestos simples para bajarle el volumen a la mente insegura (la del vecino).

← Blog Ansiedad · 4 min
Mujer sonriente plancha su cabello largo sobre un escritorio de oficina decorado para una fiesta.

“Mi vida se mide en cartas que reciben los demás.” — Gabriel García Márquez, 1957, cerca del boulevard Saint-Michel, París.

Todos tenemos un vecino con la mente inquieta. Ese que refresca el correo como si al darle clic apareciera el premio mayor. El que ensaya diez veces cómo va a saludar en la reunión… y cuando llega la reunión, ¡la cancelan!

Hay uno que repasa la entrada a la oficina como si fuera Broadway: primero serio, después con sonrisa, luego con cara de “estoy ocupado pero feliz”. Y nadie se da cuenta, excepto él.

Está el que escribe un mensaje de WhatsApp, lo borra, lo vuelve a escribir, cambia un emoji tres veces… y al final no manda nada. Como si el mundo entero estuviera pendiente de ese puntico azul.

San Miguel protege las almas… y de paso a quienes tocan su estampa antes de entrar a Talento Humano, temblando más por su propio sobrepensamiento que por la reunión.

Y claro, está el que observa al jefe dándose la bendición antes de enviar el correo de nómina. Porque hasta pagar sueldos da miedo.

La mente insegura hace eso: convierte lo cotidiano en drama épico. Ensaya conversaciones que nunca pasarán, redacta renuncias que jamás se enviarán, inventa discusiones con gente que ni sabe que existe.

El resultado es el mismo: hombros tensos, mandíbula apretada, corazón en carrera. Todo por un sobrepensamiento que no resuelve nada.

La buena noticia: se puede bajar el volumen. No con más juntas ni más Excel, sino con cuatro gestos tan simples que parecen chiste… pero funcionan.


1. Planta los pies antes de plantar otra idea. Si tu mente está corriendo un maratón, dale al cuerpo un semáforo en rojo. Ubica tus pies firmes en el suelo, manos calmadas sobre la mesa. El cuerpo manda el mensaje: “estamos a salvo”. Y lo mejor: mientras tú te calmas, los demás te ven tranquilo, como si tuvieras todo bajo control, aunque tu PowerPoint sea un crimen ortografico.


2. Cambia la carta por un Post-it. Esperar el correo perfecto es como que tu jefe entienda el Excel a la primera: nunca pasa. Mejor escribe en un Post-it dos cosas: “¿Qué pasaría si…?” y debajo: “¿Y ahora qué?”. Con estas dos preguntas das paso de la novela a la instrucción mínima. Y nada calma más que tener el siguiente paso claro. Además, un escritorio lleno de Post-its siempre da pinta de genio creativo, aunque solo digan “comprar tinto”.


3. Aplauso para la micro-victoria. Responde ese correo. Archiva ese archivo con nombre absurdo: final_final_v3. Después di “hecho”, aunque sea en voz baja, como si hubiera ganado La Sele. El cerebro no distingue entre un estadio lleno y tu escritorio vacío: agradece el aplauso igual. Pequeñas victorias → grandes descansos.


4. Safari de micromomentos.

El barista te sonrió. Teams abrió a la primera. El WiFi no se cayo (todavía).

Son pequeñas cosas, pero si las cuentas, tu mente empieza a reconocer que el mundo no está en guerra contra ti. Haz la lista como quien colecciona estampillas o laminas del mundial: entre más pruebas, menos ansiedad.

García Márquez escribió sobre un coronel que esperaba cartas que nunca llegaban. Quizá porque la carta nunca importo.

Lo mismo pasa con ese correo que refrescas cada tres minutos: no importa tanto. Lo que importa es lo que haces en la espera. Plantar los pies, escribir un Post-it, celebrar lo pequeño, coleccionar lo bueno.

La mente insegura no necesita que la calles con discursos. Solo que la calmes con gestos simples…

Y si todo esto te suena demasiado familiar, no te preocupes: la terapia no es otra junta ni otro Excel. Es el lugar donde ese vecino inseguro (llámalo como quieras) por fin puede descansar. Escríbeme y le hablamos.

Mensajes OoO

1 Hola!

Estoy fuera de la oficina, pero sigo pensando en que no pienses que no estoy pensando en ti, igual estoy imaginando tu cara leyendo esto.

2 Buen día

He estado pensando cuál es la mejor forma de decirte, lo que en próximas líneas leerás, sin embargo sé que aunque lo he pensado, practicado y puesto en texto, lo único que leerás son las tres letras del final, así que aquí van: estoy OoO. Regreso (fecha).

P.s. He ensayado este mensaje tantas veces que debería cobrar entrada.

3 Buen dia.

No quiero que pienses mal de mí… pero si lo haces, al menos piensa que fue con buenas intenciones. Estoy OoO. Debo regresar hacia el (fecha).

4 Buen dia.

Estoy OoO, pero no te preocupes: Alejandro Fernández, Rocío Dúrcal y hasta Mijares siguen pensando en ti. Yo regreso el (fecha). Mientras tanto, deja que ellos hagan el trabajo. Puedes escuchar en el playlist adjunto

https://www.youtube.com/watch?v=Zsdo6g4K5F4&list=PLINQEWiiADr0re29awdlruxR7TcgRYskN

Hola,soy Guillermo

Acompaño a personas que, en apariencia, tienen todo resuelto y que por dentro sienten que algo se repite sin razón visible. Mi formación cruza psicología holística, psicoanálisis, gestalt y economía del comportamiento.

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